La muralla de Avilés, construida entre los siglos XI y XII durante la concesión de los fueros por los reyes Alfonso VI y Alfonso VII, fue un elemento clave en la defensa medieval de la ciudad. A lo largo de los siglos, sufrió varias reformas y ampliaciones, pero perdió su funcionalidad y fue demolida en el siglo XIX.
Esta muralla, de unos 800 metros de perímetro, rodeaba un área de 46,000 metros cuadrados, aproximadamente la mitad del tamaño actual del parque Ferrera. La muralla no solo protegía a Avilés de amenazas externas, sino que también facilitaba el comercio, pues la ciudad, gracias a su puerto, jugaba un papel clave en el comercio marítimo internacional.
En su interior, la muralla tenía calles importantes como la de La Ferrería, que conectaba la puerta del Alcázar con el puerto. También destacaban la calle de La Fruta y San Bernardo, siendo esta última parte del Camino Real que comunicaba el interior de Asturias con el norte de la península. Las puertas de la muralla eran puntos de acceso clave, como la puerta de La Mar que conectaba con el puerto, y la Puerta del Alcázar, utilizada para el tráfico marítimo.
Durante el siglo XX, se creyó que había desaparecido por completo, aunque aparecían vestigios esporádicos al realizar obras.